El instante más oscuro: Dunkerque

¡Atención, los hechos aquí narrados contienen destripamientos de sucesos ocurridos hace 78 años y recogidos en los libros de Historia!

Hace poco, Igor, vi dos películas históricas: Dunkerque y El instante más oscuro. Ambas, del año 2017. Ambas, ambientadas en 1940. Ambas, girando en torno al mismo crítico y vital acontecimiento: el Milagro de Dunkerque. Pero cada una de estas películas centra su atención en campos de batalla distintos.

¿Que necesitas contexto, Igor? ¡Pues claro!

 

Contexto

Podría pasarme horas hablando de este tema tan interesante, pero trataré de ser breve.

Los Nazis llegaron al poder en Alemania en 1933. Su política expansionista le llevó a militarizarse ostensiblemente y a anexionarse Austria y los Sudetes (Chequia) en 1938. Francia y Gran Bretaña trataron de apaciguar el belicismo alemán, permitiéndole quedarse esos territorios. Pero en 1939 Alemania inició la invasión de Polonia; y Francia y Gran Bretaña se vieron en la obligación de declararle la guerra. Y así dio comienzo la 2ª Guerra Mundial (1939-1945).

Los británicos mandaron a su Ejército (Fuerza Expedicionaria Británica) a Francia pensando que ambas potencias, tras vencer en la 1ª Guerra Mundial (1914-1918), serían capaces de plantar cara a los beligerantes germanos. No tardaron mucho en comprender cuán equivocados estaban.

Durante el período de entreguerras, las fuerzas armadas alemanas desarrollaron las armas y los fundamentos de la guerra moderna. Y los llevaron a la práctica de forma contundente y sorpresivamente exitosa. Abandonaron el modelo en boga hasta ese momento; basado en el atrincheramiento y las fortificaciones estáticas (Guerra de Desgaste); y adoptaron un modelo basado en la movilidad y la maniobra (Guerra Relámpago).

En una rápida operación envolvente, los teutones, en vez de atacar a través de la fuertemente defendida frontera franco-germana, decidieron atravesar fulgurantemente Holanda y Bélgica con sus unidades móviles y blindadas. Así, atravesaron la frontera gala por la zona más desprotegida. Y estas unidades tan rápidas se dedicaron a fragmentar las líneas francesas y británicas, causando un caos descomunal entre las fuerzas aliadas.

Tal fue así, que grandes bolsas aisladas de tropas se rindieron a los alemanes, mientras otras se retiraban prácticamente en desbandada. Lo cual nos lleva a Dunkerque.

La práctica totalidad de la Fuerza Expedicionaria Británica (± 300.000 soldados) y un gran número de tropas francesas y belgas fueron acorralados en los alrededores de la ciudad portuaria de Dunkerque; entre Calais y la frontera con Bélgica.

La caída de Francia era prácticamente inevitable, pero si los británicos perdían el grueso de su Ejército en la costa gala, entonces Alemania tendría vía libre para invadir Gran Bretaña sin apenas oposición. Y la 2ª Guerra Mundial habría tenido un final bien distinto.

Y ese fatídico momento es el contexto en el que se desarrollan las películas de las que quiero hablar.

 

El instante más oscuro

Se centra en el celebérrimo Primer Ministro británico Winston Churchill. Interpretado magistralmente por Gary Oldman. El osado y tenaz… el copiosamente bebedor y fumador… el inteligente e ingenioso, Winston Churchill.

Hay una anécdota sobre él que resume bastante bien lo que narra esta película:

En una visita al Parlamento, un miembro de su personal le preguntó a Churchill si era enfrente donde se sentaba el enemigo político. A lo cual, Winston respondió que no, que ahí se sentaba el rival, y que el enemigo se sentaba detrás, señalando a la bancada de su propio partido.

Y así es como da comienzo esta historia.

Neville Chamberlain*, el hasta entonces Primer Ministro británico, se ve obligado a dimitir tras su desastrosa gestión del alzamiento alemán. La situación es crítica, pero las maniobras políticas no cesan. En su lugar, un miembro de su propio partido; Winston Churchill; es nombrado Primer Ministro para que él sufra las consecuencias políticas del desastre que se avecina. Y así, el verdadero aspirante a gobernar tras él, se podría presentar como un salvador que negocie una paz duradera con Alemania. ¡Menuda ingenuidad!

Pero Winston Churchill tiene su propia hoja de ruta y él no se arredra. Si bien es cierto que, ante la prácticamente inevitable fatalidad, se ve acosado por los temores y las dudas. Pero el Primer Ministro es famoso por sus descabellados planes e idea una insólita operación de rescate (Operación Dinamo) para recuperar a los soldados que están siendo acosados en las playas de Dunkerque, al mismo tiempo que maniobra en los campos de batalla de la política para no perder ambas guerras.

Y deja constancia del propósito de su gobierno con un inspirador discurso parlamentario que ha pasado a la historia como uno de los más famosos alegatos. Su lectura embravece el espíritu. Mas no puedo decir que escucharlo provoque el mismo efecto, pues la voz real de Churchill era poco más que una verborrea ininteligible, y el tono era tan ceremonioso y flemático como monocorde (propios de la época y del ámbito parlamentario inglés).

«…lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas, nunca nos rendiremos…»

Y una chispa de esperanza surgió… en el instante más oscuro.

 

Dunkerque

Y mientras Winston Churchill se bate con el enemigo en casa, las tropas británicas en Francia se baten en franca retirada hacia las costas de Dunkerque.

Se nos muestra, desde distintos puntos de vista, las venturas, aventuras y desventuras de esta improbable operación de rescate.

Casi nadie la creía posible. Dunkerque tenía un puerto minúsculo, incapaz de albergar al mismo tiempo varios buques de gran calado para la evacuación de las tropas; lo cual ralentizaba la operación. Y, por si fuera poco, estaban muy expuestos a ataques aéreos y de submarinos. De ahí que, en Gran Bretaña, se embargasen gran parte de las embarcaciones civiles de recreo y pesca que, por su escaso calado, podían acercarse mucho a las playas sin riesgo de embarrancar; y que además ofrecían blancos más difíciles de acertar por el enemigo.

Se trata de una obra climática y ambiental. Christopher Nolan consigue plasmar la desalentadora situación sin recurrir a los excesos. Y hay un aspecto del montaje que recuerda a una de sus óperas primas: Memento; pues juega con cierta dilación temporal entre los diferentes focos de atención, para hacerlos confluir al final.

El guión no tiene muchas líneas. Se trata de una película en la que el espectador es testigo de los hechos. Y los hechos te atrapan sin remedio.

Se esperaba rescatar a unos 30 o 40 mil soldados. Rescataron a más de 300 mil; prácticamente la totalidad de las fuerzas británicas, y varios miles de aliados de Francia y otros países.

De ahí que se le llamase el Milagro de Dunkerque.

Lo que parecía el fin de la Guerra, no fue más que el principio del final del principio.

¡Menuda Odisea, Igor! ¡Menuda gesta!

 

* Fe de erratas: En un principio, en un acto de pertinaz obcecación, puse que el predecesor de Winston Churchill era Clement Attlee, quien sí fue su sucesor. El predecesor era, naturalmente, Neville Chamberlain. Queda pues subsanado el error.
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