IV CERTAMEN DE MICRORRELATOS MICROROCK-LAREDO 2016

Un año mas, y van 4, la asociación cultural San Rock-e de Laredo anunció el 3 de Diciembre los ganadores del certamen de Microrrelatos 2016 en la sala Ruas de la localidad cántabra. Se presentaron 229 relatos procedentes de 18 paises  que fueron valorados por un primer grupo de 40 personas que decidieron cuales eran los 29 relatos finalistas.Al igual que el año pasado tuve el placer de participar como jurado y valorar los diferentes escritos.

Desde nuestro blog animamos a los organizadores a continuar con esta magnífica iniciativa que une dos de las artes más bellas: literatura y música.

Os dejo a continuación con el relato que quedó en tercer lugar y que plasma una graciosa relación entre el rock y el paso de los años.

El rockero nostálgico.

El sonido metálico de las hebillas que relucían sobre el negro cuero se escuchó cuando echó pie a tierra y su Harley dejó de rugir.

Ya nada era igual, apenas unos deteriorados tatuajes recordaban aquellas noches extremas, aquellos moteles de carretera, vibrando el pulso, como vibra el cuerpo cuando el suelo tiembla ante un acorde de guitarra y el estertor te recorre de pies a cabeza. “No vuelvas” le había dicho ella, “Si eres un verdadero rockero, no vuelvas”. Qué otra cosa le habría podido decir.

Ella, que adornaba su cabellera con florecillas blancas y lilas y fundía su voz con unas volutas de humo que parecían hechizarlo. Y nunca volvió, hasta entonces. Pero ya era tarde, la carretera secundaria se había transformado en autovía y el antiguo tugurio en un moderno local en el que manteles de tela sontenían botellas de cristal.

Un buen sitio para quitarse la cinta de la frente y la cadena del cuello de una vez. Ni siquiera pidió cerveza. “Una limonada” sugirió con la mirada puesta en la barra. Pero la camarera, ya entrada en años, le sirvió la cerveza. “¡Te dije una limonada!” exclamó él, molesto. “¡Te dije que no volvieras!” exclamó ella.

En segundo lugar se premió una historia que nos viene a contar las consecuencias de la crisis que venimos soportando desde hace casi una década:

Día de concierto.

El Boss está en algún hotel cercano. Después de perseguirle por medio mundo ha decidido hacer un concierto en mi pequeña ciudad. Casi parece un guiño privado de agradecimiento para un fan cincuentón con muchos “born to run” a sus espaldas. Tengo claro que éste será nuestro último concierto con Bruce. Antes de salir me calzo el uniforme: cinta en lo que queda de pelo, camiseta desteñida del world tour del 92 y pantalones negros.

Llego el primero a la esquina señalada como punto de encuentro, esa terracita del bar de Antonio pegada al Estadio. Poco a poco llegan los compañeros de fatigas rockeras, tan nerviosos como ilusionados. Entre los cuatro sumamos más de dos siglos pero los ojillos nos brillan como a un niño en la noche de Reyes.

A todos nos hubiera encantado entrar al Estadio pero hace tiempo que la prestación como desempleados de larga duración nos da para pocas alegrías. Pero la música de Bruce fluye por encima de cualquier barrera. Escuchamos el concierto desde la terraza con birrita nostálgica y media sonrisa. Contemplo a mis compañeros de conciertos, despidos y vida saboreando cada nota y comprendo que, definitivamente, ese concierto está dedicado a nosotros.

Y terminamos con el relato ganador el cual nos plasma la fatídica relación de amor-odio entre la muerte y el rock.

La actitud.

¿Recuerdas nuestro primer concierto, cariño?Jack rompió cinco cuerdas y tú te quedaste afónica en la tercera canción. ¡Qué malos éramos! Pero la actitud…, la actitud no nos la puede reprochar nadie. ¡Qué derroche! ¡Qué bien lo pasábamos!

Después aprendimos a hacerlo mejor. Mejores canciones. Mejores estructuras. Tus letras fueron cogiendo carácter. Me encantaba aquella… ¿Cómo se llamaba? Ah, sí, «Black hole». Con aquella canción me enamoraste.

Tú estabas preciosa con la camiseta negra ceñida y los tejanos destrozados. Yo iba a juego contigo. Parecíamos los Sex Pistols. «¡Mirad, por ahí vienen Sid y Nancy!», decían. Que risas.

¿Y cuando sonamos por la radio? ¡Qué pasada! Nos fuimos de gira, como nuestros ídolos. Fue increíble. ¿Te acuerdas de aquel festival? Los dejaste a todos con la boca abierta. Una chica tan dulce como tú cantando aquellas canciones tan bestias. El público se volvió loco.

    A partir de ahí llegó el éxito, yrepetimos la historia de nuestros mitos… El alcohol,las drogas, las fiestas salvajes… Vivimos intensamente, como ellos. Ahora acabamos de cumplir veintisiete años y lo tenemos todo, hemos llegado a lo más alto.

Mira, cariño, mira qué preciosa vista. Tenemos el mundo a nuestros pies…

Entonces, ¿qué?

¿Saltamos?

Felicidades a los ganadores y nos vemos en la siguiente edición.

Un saludo,

Dr Ichabod.

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