JUEGO DE TROMPICONES

La historia de Juego de Tronos llegó a su fin.

¿Que qué puedo decir, Igor? Que me ha dejado un sabor agridulce.

Antecedentes

La serie nos ha mostrado un rico y profundo universo plagado de culturas y lugares. Una miríada de personajes y tramas interrelacionados. Un intrincado tejido de relaciones, amores, lealtades, odios y traiciones. Una narrativa que ha ahondado en lo íntimo y se ha extendido por lo universal. Historias personales azotadas por la marejada de acontecimientos que nadie puede controlar. Acción y reacción. ¡Sorpresa a discreción!

Hablamos de tramas que te atan a los capítulos para su ávida consunción. Penúltimos capítulos de temporada que te dejaban en estado de conmoción. Últimos que te remataban y arrojaban por el acantilado de la intriga  y la elucubración; fermento de teorías paridas por los libros y la alocada imaginación.

Canción de Hielo y Fuego

Desde el principio han sido notables y notorias las diferencias entre los libros y la serie, pero ¿acaso no resulta imposible plasmar la inmensidad del negro sobre blanco en el limitado espacio-tiempo audiovisual?

Hay un nutrido grupo de personajes que no existen en la adaptación televisiva, o que han sido fusionados con otros para no volver loco al espectador en la ya de por sí compleja maraña de sucesos y protagonistas, o cuyas tramas han sido absorbidas por o adaptadas para otros individuos. O directamente han cambiado el desarrollo completo de según qué derivas argumentales.

La esencia pervive y muchas cosas se mantienen, pero la inevitable necesidad y la prolífica creatividad han sembrado nuevos campos que recolectar; algunos no poco fructíferos, interesantes y bien llevados.

La ausencia de conclusión de la saga escrita privó a la serie de destino final, así que las corrientes de su propia marea arrastraron a la serie hacia su propio Sino singular.

Penúltima temporada

La séptima y penúltima temporada dejó en vilo a todo el mundo. Los hechos parecían precipitarse indefectiblemente hacia una vorágine de acontecimientos. Las tramas, al igual que los personajes otrora alejados, se aproximaban a velocidad terminal. La convergencia de unas y otros nos remitía hacia un devenir bullicioso como no habíamos visto antes. Como una estrella moribunda, la masa crítica parecía a punto de colapsar sobre sí misma. Y se tomaron su tiempo para preparar la temporada final.

Pero la pregunta que suscitaba era, ¿ya daría tiempo a acometer y cerrar, como es menester, todas las historias? Dos tramas principales e infinidad de secundarias precisaban ser concluidas. Concentrar tanto en una única temporada podía resultar precipitado. Y así fue, aunque yo no lo preví. Yo confié; no lo advertí.

Última temporada

El cardiograma se salía de la gráfica ante la insoportable espera. La voraz ansiedad nublaba la razón ante semejante adicción. Pero el tiempo y el dinero no solucionaron sus carencias pues adolecía de precipitación, de premura por cerrar y concluir. Y eso repercutió en la solvencia de la representación, donde los “deus ex machina” tensaron los límites de la tolerancia.

Muchos, si no todos, daban por sentado uno o dos “certeros” finales. Pero los sucesos predecibles jamás fueron la tónica en la producción; tampoco en los volúmenes de impresión. Así pues, la historia concluyó de un modo que considero bueno y apropiado, pero que no consigue desprenderse de los males por la prisa que la aquejan.

La trama de los Caminantes Blancos merecía una temporada, pues “El Invierno se acerca” era un mantra presente a cada paso de la saga. “La noche es oscura y alberga horrores” le iba a la zaga. El portentoso enfrentamiento entre los vivos y los muertos no podía ser relatado en el exiguo espacio de 3 capítulos. Como tampoco lo podía el fin del Juego de Tronos.

Personajes importantes se han visto relegados a apenas un par de planos con sus correspondientes líneas. Desenlaces poco elaborados y giros poco trabajados han mermado la calidad de un producto que previamente era excelente.

Precipitación es la enseña de esta última temporada. De ahí el sabor agridulce. Porque aunque su final me parece adecuado, no así cómo lo han llevado a cabo.

Una temporada más y lo habrían solucionado.

¡Qué lástima, Igor! ¡Tanta gloria empañada… deslucida!