LA GRAN MENTIRA DE LAS LISTAS DE VENTAS (POR DR. MOREAU FRANKENSGUITAR)

¡Buenas a tod@s y feliz año nuevo! El Dr. Moreau escribe su primer artículo del 2014; artículo en el que se habla de un asunto, digamos, turbio, también antiguo; pero no por ello menos interesante…

Durante estas últimas Navidades, se ha organizado cierto revuelo debido a la filtración de una lista de ventas de discos, un documento de uso interno de Promusicae (la asociación de productores de música en España) que, por causas que, al menos yo, desconozco, ha acabado colgado en Internet.  Dicho documento deja ver bien a las claras que las ventas reales de discos sufren un tremendo desajuste respecto a lo que nos dicen las discográficas. Tirando del hilo, se ha descubierto, entre otras cosas, que se han publicitado como discos de oro y platino trabajos que aún no habían vendido el número de copias necesario para obtener ese premio. Esa catalogación como disco de oro/platino era publicitada por las discográficas; pero la realidad es que no son copias vendidas, sino copias puestas a la venta (algunos de los discos no llegaron a ese número de copias hasta semanas después)…

El caso es que mucha gente, al enterarse, se ha echado las manos a la cabeza, como si acabara de descubrir el fraude del siglo, y se han sorprendido. Y a mí, lo que me sorprende, es su sorpresa. La música (bueno, en realidad, cualquier expresión artística) en este país huele a podrido desde hace mucho tiempo, no es de ahora. La industria del negocio ha estado durante mucho tiempo manejando el entramado musical a su antojo. Los números 1 no son tanto cuestión de ventas como de dinero. Cuando las discográficas quieren que determinado trabajo de determinado artista se venda, van a las emisoras de radio, pagan y dichas emisoras de radio empiezan a publicitarlo y a decir que es lo más vendido (aunque aún no lo sea) y ese efecto llamada es lo que hace que suban las ventas (al menos así se funcionaba hace unos años, aunque me imagino que, hoy en día, las cosas seguirán igual). Las discográficas son quienes dicen qué va sonar por la radio y quién va a ser superventas, no la audiencia. Son empresas que buscan, como todas, rentabilizar sus inversiones, aunque los métodos para conseguir esa rentabilidad no sean del todo éticos.

Con lo cual, los discos de éxito son un producto rentable; pero rentable no significa de calidad, al menos no siempre.

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Y resulta triste ver el tipo de producto que se promociona. Música de baile industrial, fabricada con aparatos en vez de elaborada por músicos. Pop excesivamente empalagoso y repetitivo. Música con pocas cosas que ofrecer desde el punto de vista creativo. Y lo peor es que el gran público se conforma con eso.

En mi modestísima opinión, el origen de todo esto es que la gente de la calle, el pueblo llano, carece en general de cultura musical. No se estudia música en los colegios, no se escucha música de calidad porque no se oferta a  gran escala (ni siquiera a media escala) y la mayoría de la gente no podría nombrar a un par de compositores clásicos. No se valora el ser músico, o pintor , o escultor como un trabajo, debido al alto componente vocacional de estas profesiones. Se tiende a pensar que, como se hace principalmente porque gusta, no merece ser pagado. No se ve como un empleo de verdad. No hay conciencia de que poner un disco en el mercado lleva acarreados unos gastos de grabación, producción, maquetación, diseño gráfico, fotografía, edición de copias…y eso sin contar que un músico ha invertido tiempo y dinero en instrumento, equipo para hacerlo sonar, lecciones para aprender a tocarlo, trabajo de composición…y como no se valora, así nos va. Además comprar música, libros, entradas para espectáculos, etc con el nuevo IVA…

Y luego está Internet. Eso que las discográficas, tiendas de discos, y (algun@s) artistas citan como fuente de todos los males, porque ahí todo puede ser gratis, si así lo quieres. Pero yo creo que el problema no es Internet. El problema es que se quiere seguir ganando la misma cantidad de dinero. Producir copias de discos es barato, sobre todo en grandes tiradas; pero el precio de un CD es tan alto que a la gente no le apetece pagar 15 o más euros por algo que puede tener gratis y que tiene una presentación, en muchos casos, lamentable y con poca creatividad musical. Yo soy de los que sigue comprando música, porque soy músico y debo predicar con el ejemplo; pero ya sólo pago por trabajos que ofrecen algo más que un CD y un libreto de 4 páginas y una o dos canciones buenas o por cosas que he visto en directo y sé que me gustan por que han hecho un buen bolo. Para eso sí me gusta internet, gracias a ella puedes escuchar el disco y saber si merece la pena hacer la inversión.

En fin, que como decía el recientemente fallecido Germán Coppini, son “malos tiempos para la lírica”. Pero recordad que lo dijo hace mucho, no es de ahora. Y que en este entramado, tod@s tenemos nuestra parte de culpa…

Dr. Moreau Frankensguitar

 

 

 

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