LA INQUIETANTE… CHERNOBYL

Este artículo no contiene destripamientos… ni residuos radiactivos.

¡Oh, Inga! ¡Qué día más aciago el de hoy, pues me ha sido revelada una verdad que, como científico, no podía considerar!

Los animales reaccionan a los estímulos de su entorno y se guían por el instinto. Y el más importante de todos es el instinto de supervivencia. ¿Y qué lo azuza? El miedo.

El ser humano es un animal. Si bien es cierto que evolucionado, es un animal al fin y al cabo. No le son ajenos los instintos, ni impropios los miedos, pero si algo le diferencia del resto de la fauna es su inacabable curiosidad. Y esa insaciable sed de conocimiento le empuja a rebasar la frontera del temor para internarse en los misterios de lo desconocido; porque es precisamente lo desconocido lo que más miedo causa. Se trata de la incertidumbre.

Así pues, si se desvelaran las incógnitas de lo que no se conoce, desaparecería el temor, ¿no?

Nada más lejos de la verdad, como pude tristemente comprobar.

CHERNOBYL

La catástrofe que allí se fraguó puso al mundo al borde del abismo. Pudo haberse convertido en un Evento Ligado a la Extinción. Aunque, ¿quién sabe?; bien podría serlo.

Aunque la hecatombe inmediata fue a duras penas sorteada, las consecuencias a nivel mundial distan mucho de ser siquiera conocidas. Los peligros de la radiación y la exposición a ella, debido al viento y las nubes radiactivas que arrastró, no han sido cuantificados. Pero conocer los hechos y sus consecuencias inmediatas arrojaría luz y mermaría el miedo que generó, ¿no? ¿Si eliminas de la ecuación lo desconocido, lo conocido ya no genera terror, no?

Pues no.

La serie de HBO que relata los hechos es manifiestamente inquietante. Revela y explica los entresijos de la cadena de acontecimientos que produjeron la reacción en cadena. Y la reacción no podría ser más pavorosa. Saber qué, cómo y por qué, no hizo sino acrecentar mi congoja, mi angustia, mi náusea… mi horror.

Una explosión nuclear sacudió mis cimientos, dejando al descubierto la vulnerabilidad de mi carne; del núcleo de mi mente; y arrojando a la superficie, en pedazos, el control sobre mis miedos.

Se trata de una historia pasmosa sobre los espantosos hechos acontecidos, los negligentes procederes, las terribles decisiones que tuvieron que tomarse y las calamitosas y terroríficas consecuencias de aquel holocausto nuclear. ¡Muerte y horror por doquier!

Saber con todo detalle lo que sucedió, y los pormenores de los efectos de la radiación en una situación tan extrema, no menguan en absoluto el miedo que aflige el corazón cuando se le presenta con semejante crudeza.

El relato de la serie ES inquietante. Y su atmósfera, su ambientación, su narrativa, sus planos, sus filtros de luz, su color, su enfoque, su sonido… generan una aflicción perturbadora.

Los desafíos imposibles afrontados en aquel fatídico momento resultan conmocionadores. No menos que cuestionarse lo que pudo ser y no fue. No menos que las aún desconocidas consecuencias de lo que pasó.

UN TRISTE ADIOS

Y he aquí que, tras arrojar luz y desterrar la oscuridad; que alumbrando conocimiento donde antes había incertidumbre; siento más miedo que antes.

La razón de convertirme en científico fue para descubrir los misterios que nos hacían temerosos y sin embargo, por primera vez, siento más miedo al saber más.

Ni siquiera cuando afronté el reto de la resurrección de la carne muerta, de la reconstrucción de la conciencia humana, sentí el terror que me acongoja ahora.

¡Oh, Inga! Es enorme mi pesar, y necesito guarecerme de mis propios pensamientos; hallar cobijo, reposo y sosiego entre tus brazos.

Debo partir en pos del necesitado y huidizo descanso. Debo aislarme de los estímulos que tan desconcertado me han dejado. He de dejar mi investigación de lado, por tiempo indefinido.

¡Quién sabe lo que deparará el destino! ¿Será adverso o propicio mi Sino?

¡Despídome pues, mis queridos frankensguinautas!

Quién sabe si será un hasta luego, un hasta pronto o un adiós.

Sea como fuere… ¡Salve!

¡Vamos, Igor! ¡Hay que preparar la partida!

¡Frau Brujer…! Nyaaahhhahahahaha – Krakoooommbbb ¡Música de despedida!