Slitz bai!!!

Seguro que más de uno/una  se ha quedado con cara de cuervo atropellado al leer el título de la entrada. ¿Slitz bai? ¿De qué cojones me suena a mi eso?
Tranquilos; como siempre, el Dr. Hackenbush se parte las pelotas por traeros calentito lo último con respecto al mundo del cine y de la televisión. ¿Noé? ¿Ocho apellidos vascos? ¿Kamikaze? NO

Antes que internet existió Avecrem

Antes que internet existió Avecrem

Volvamos a 1985. Vale, quizás no vaya a ser la entrada con el material más fresco, pero la culpa es del mandamás de la web, que, mientras se pone dientes de oro, nos tiene aquí sobreexplotados escribiendo y no me da ni para una mísera entrada en La Fiesta del Cine.
Por dónde íbamos, Ah, si; 1985. En 1985 aquí vuestro doctor de cabecera tenía tan sólo 4 años y supuraba inocencia por su tersa piel, tanta como para no percibir que se estaba gestando una de las últimas cosas decentes que ha producido ese país llamado España: David el Gnomo

Ahora caeréis; Slitz Bai no era otra cosa que el saludo gnomo que todos los niños usamos alguna vez y con el que nos sentimos tan picudos y sonrosados como nuestros héroes televisivos.
Aquel 1985 se cerraba un lustro mágico para la televisión patria que había comenzado en 1981 con La vuelta al mundo de Willy Fog, que se había consolidado en 1983 con Dartacán y los tres mosqueperros y que se cerraba con la citada David el Gnomo.
Todas estas series vinieron de la mano de BrB Internacional (¿Quién no recuerda su logo?) y de la pluma, entre otros, de Claudio Biern Boyd, a quien debemos gran parte de nuestra infancia.

¿Os imagináis qué hubiera sido de nuestra infancia sin los álbumes de Danone?

Todos seríamos ahora psicópatas de no ser por Danone y sus cromos

Sorprende a día de hoy echar la vista atrás y comprobar con qué claridad recuerda uno a Lisa, a David o a Swift (uno de los primeros doblajes de Ramón Langa; zorro antes que Bruce Willis), pero también a los entrañables trolls de moco hinchable que tanto asustaban a nuestros héroes.
Para quien no lo recuerde, hablamos de una serie que tan sólo constaba de 26 episodios y que, a buen seguro, fue uno de los primeros productos audiovisuales que nos hizo llorar a quienes nacimos a primeros de los 80.

Escalofríos me da ver este fotograma

Escalofríos me da ver este fotograma

Mi caso es un poco distinto; no hay que perder de vista que a mediados de los 80 no había internet ni youtube ni hostias, y que todo lo que emitían en televisión te lo perdías si no estabas en el momento adecuado. Ni qué decir tiene que el último episodio de David el Gnomo, llamado Las montañas del más allá, debió de congregar al 99% de los niños de entre 4 y 11 años frente al televisor de sus salones para poder advertir, entre lágrimas, como David y Lisa morían y se convertían en árboles.

Digo el 99% porque yo fui castigado por mi hermano en una decisión incomprensible pero que no halló absolución en el comité de apelación paternal. Sea cual fuere la razón de aquella injusticia, fui de los últimos en poder disfrutar del final de una de las series que más me han marcado en la vida y es un lastre que aún arrastro a mis 32 años.

Es por eso que hoy dedico esta entrada a David a Lisa y a Swift, a los trolls, a Claudio Biern Boyd y a BrB internacional, a mi hermano, y a todos y cada uno de los niños que lloraron con aquel adiós cuando aún no eran los hijos de puta que, probablemente, son hoy.

Y recordad que nadie es mejor por ser más grande

 

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