Una historia verdadera

Quiero diculparme por la tardanza en escribir estas líneas; el Dr. Hackenbush es hombre multifuncional, pero hay veces que se ve sobrepasado por lo intenso de una vida llena de aventura, sexo, drogas y fútbol.

Hoy os voy a hablar de una de las mejores películas de David Lynch. Todos conocéis al extravagante director estadounidense; creador de películas perturbadoras como Cabeza borradora, Mulholland Drive o Terciopelo azul, y de la mítica Twin Peaks que tanto nos hizo pensar en Laura Palmer. La chifladura de Lynch es algo que viene de lejos, y no hay más que ver cualquiera de sus primeros cortos para entender un poco que su mente no es como la de los demás. Podéis encontrar en youtube el corto titulado Six men getting sick; y yo os dejo aquí, para deleitaros, The alphabet.

Es difícil describir la expresión que se le queda a uno tras esos casi cuatro minutos.

Bien; el asunto es que un tío con sus peculiaridades y su genialidad única e irrepetible, nos regaló en 1999 una de las películas más hermosas que se han rodado en décadas. Alejándose Lynch de su mundo interior, decidió adaptar a la pantalla la historia de Alvin Straight, un anciano de Iowa que, tras conocer que su hermano había sufrido un derrame y podía fallecer,  decidió recorrer los 400 kilómetros que le separaban de él y reencontrarse de nuevo tras más de 10 años enfadados el uno con el otro. La peculiaridad de la historia de Alvin, y que todos sabréis, es que recorrió esa distancia montado en su segadora John Deere, el único medio de locomoción en el que podía abordar el viaje.

Alvin Straight

No cabe duda que la historia, a priori, se aleja radicalmente del cine de Lynch, y, sin embargo, es, para mí, su mejor película. A veces me pregunto qué es lo que sentirán al ver esta película todos esos que supeditan el valor y la humanidad de sus narraciones al espectáculo visual, al más difícil todavía de la industria de los efectos especiales. Cientos de millones derrochados, en muchas ocasiones, en basura que sólo estimula las retinas y cuyo mensaje se diluye, por débil, en su camino hasta el cerebro. Supongo que cuando se sientan a ver Una historia verdadera, deben sentir cómo la vergüenza inunda sus rostros mientras su corazón despierta y late al ritmo de una historia conmovedora que se plasma del modo más sencillo y simple posible.

A esto ayuda la interpretación de Richard Farnsworth (debajo de éstas líneas), quien, en el último papel de su carrera, consiguió una nominación al Oscar por dar vida a Alvin, apenas un año antes de suicidarse de un disparo para no continuar sufriendo los dolores del cáncer terminal que padecía.

Richard Farnsworth

La banda sonora de Angelo Badalamenti es un auténtico regalo para los oídos, y acompaña maravillosamente el recorrido de Alvin en su objetivo por reencontrarse con su hermano.  Poco más quiero decir de la película; tan sólo que si aún queda alguien que no la haya visto, que no tarde un día más en hacerlo, porque estamos hablando, probablemente, de una de las mejores películas de la historia, y de una auténtico ejemplo de lo que es y para lo que sirve el cine; de lo que significa el valor de una historia bellamente construída.

Hay vídeos en youtube donde se puede encontrar la escena final de la película, increiblemente conmovedora, pero creo que la fuerza reside en acompañar a Alvin a lo largo de su viaje, mientras Lynch cocina a fuego lento las emociones del espectador, sin que éste apenas sea consciente, hasta llegar a un clímax en el que es imposible contener las lágrimas ante la belleza de lo que uno está viendo.

Si alguno de vosotros la ha visto, me gustaría conocer su opinión; y si alguno la ve animado por esta entrada, estoy seguro de que nunca se arrepentirá.

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